21 de octubre de 2013



-Saturnalia-

La espero.
Una noche donde no haga falta
preguntar nada.

Ni donde está el hielo
ni quién fue el primero, hace años, en morir por dentro.
Ni cuanto falta para que todo se derrumbe
sin remedio.

Solo escuchar esto. 





Duro. De principio a fin
sin necesidad de hablar, sin tonterías.
Y sentir que todos sentimos lo mismo (o casi)
y que respiramos igual, todos el mismo pulmón, la misma sangre.

Como brasas, menguando, lentamente
en la penumbra.

Y donde el único sentido de la muerte sea ese:
seguir ardiendo.

® Sergio Márquez.




9 de febrero de 2013




(Abrir un cuaderno de viaje después de doce años y encontrar esto. Algo que comenzó siendo un dibujo, se trasformó durante el periplo, al igual que yo.)
 

B EN 4

I

(Abajo / rasante por los muelles y cornisas / desvirgando las estaciones vacías del Metro / por entre los pabellones quirúrgicos de alabastro y los mercados oscuros / hinchados / ambos / por el olor a fruta podrida)

(Allí / donde los dragones giran sobre sí mismos / mientras beben alquitrán.)

(Levitaba sobre techos falsos / mitras agujereadas por meteoritos fríos / las cabezas de toro sudando arcilla, adorando soles de vino y fibra óptica. / Alguien le alcanzó un vaso angosto / y también / una pastilla)

(Ya el piélago inundaba / la arquitectura glandular / con el cartílago de sus medusas fluorescentes / era abrir los ojos de par en par dentro del agua salada / dentro de un mar preñado de aguamalas)

(Tenía dos ojos / uno gris / y otro muy duro -el ojo- / como un ámbar precámbrico / que atesorase en su interior / la albúmina de algún insecto raro)

(La mirada / un aguacero forrado de ácido clorhídrico / oleaginoso de rabias: un infierno brotado de escualos y leves mantarrayas)

(Corrió hacia la salida con un grito secuestrado / en el calabozo / de sus costillas / con la estructura rencorosa cerrándose sobre ella / quebrando a su paso copas oscuras / que eran flores abiertas de vino negro y armañac / Apoyó sus pies en un ganglio endurecido / derivando a contrapelo en la rémora del agua / y desapareció junto a su sombra tras el labio mayor de la profundidad / ayer / descompensada.)

(Mientras ascendía por la vértebras de la escalera / su nariz comenzó a sangrar.)



II

(Ligamentos de acero / cuerpos cavernosos de vidrio templado / faros viriles cortejados por el mistral que ruge enroscándose entre los pernos)

(Menú / erizos erizados que se erizan en lo hondo / antiguos huevos de serpiente / crispados en su pesadilla de sargazos y periferia de aguijones / Un aerolito de mercurio amarillo / hirviendo en el centro de su armadura / cuya forma es la del mundo. Blocaos de plomo / que al contacto con el sol / visten su costra de sal / con yema y clara / de amoníaco y vapor)

(Y una enorme mosca verde salta/ sobre la rica sangre de los piquillos / Confiriéndole a sus ojos / el párpado múltiple / de las tijeras)

(Es el día y todo ha muerto / la inmediatez apergamina con celeridad / todo lo que toca / y lo enjuaga en esa mediocridad taimada de bolsa de papel grasienta / de burdel vacío a las tres y media de la tarde)

(Lejos / en el Ravall / un museo blanco y ciego se contrae / como un enorme iceberg vitrocerámico ante el atropello refractario del día. / Antes de dormir -para el desayuno- huevos con tomate)



III

(Tras el puerto / la ciudad se precipitaba en barrena / por el agujero tierno / de la noche. Sobre el mar / enmudecido / un vientre de cúmulos fraguaba lo gris de su blandura / engarzando láminas de plomo)

(De seguro dormiría enroscado / entre afilados pararrayos / arropando bajo la cremallera de sus lentos párpados / un fósil de lagrimales. / Jugando a deslizarse sigiloso / por las cadenas de los desagües / a la vuelta de cada esquina octogonal)

(Todos los trenes permanecían inmóviles / dormidos en el arrepentimiento. Se irritaban las gárgolas / gemía el gótico en la resaca / de su archipiélago espasmódico de almenas y estupor)

(Un espectro cubista de sombra anaranjada / planeó sobre la cumbrera de mica / pulsando el laúd / En su sombrero de picos maduraba / el cráneo de cobalto de una luna / y en sus tripas / cuernos de la abundancia derramaban ciruelas salobres / membrillos fragantes, descompuestos)

(Encontró su rostro en las puertas veloces de los vagones pulidos / y la voz de un Dios / en el aluminio de los túneles blancos. Un cuchillo temblaba en el piso / recién manipulado / y alguien gritó desde el fondo de la garganta de los rieles.)

(Vio a Cristo inhalando pegamento en Drassanes / tras el parapeto de un estanco / un Cristo pueril envuelto en su santo sudario de formaldehído)

(Es esta una ciudad confusa / que sólo sabe dibujar murciélagos / cuando quiere mostrar pájaros y flores / una ciudad de cipreses hundidos bajo el mar -el ciprés es el árbol de los muertos-)

(Su forma que arde y que gira / es la envoltura / de la pulsación / que la anima. Pulso de gambas y de plástico / circulación endovenosa de trementina y demerol.)

(...Pensé en la escalera concéntrica sembrada de puñales...)


IV

(Arriba / reverberan los tejados inmisericordes hechos de muda sombra / y tunde un furioso mar de terracota / constreñido por el rompeolas perimetral / de cornisas alveoladas. / Los formidables cíclopes de porcelana rota / velando el skyline / sobre aquel maremoto paralítico / de piedra.)

(Heróica, proyectada desde la quilla de piedra hacia el vacío / cae / inmersa en su vértigo / de banderas/ gritos de mujer y metales / estrellados / enroscada / entre ventisqueros de pasamanería rojigüalda)

(Y por ella crujen las catenarias de la sangre/ así / muertas de risa / de miedo / de hambre)



                                                                    FIN

® Sergio Márquez.

13 de marzo de 2011

El Crack

                                                                          
                                                                        El Crack



Ha comenzado.
Resiento la tardía urgencia por los caracteres secundarios de mi niñez:
El olor verde oscuro de un pasillo tapizado en lana con almizcle a sombra de jabillos,
el crepitar de un zinc humeante perforado por el granizo,
el incienso de la madera quemada contra el esmeril.
Todas ellas cosas mínimas, inescrupulosas.
Traicioneras emisarias mercuriales de un pasado cercano hedióndamente propenso al extravío, como el brinco de la bicicleta sobre la calzada fracturada de Los Próceres o la gragea de azogue resbalando sobre la palma de la mano, ponzoñosa lágrima de soborno tras el suplicio premolar.
Como la avenida Buenos Aires.
Como La Tivoli, Taco’s o El Crack.
Como mis dibujos de jaguares iracundos evacuando heces de fuego radiactivo.
Como Fabio y Sandro en ruta hacia la Colonia Tovar.
Todas cosas destinadas a desaparecer, borrosas bajo las lechadas turbias del alcohol y el arregosto tenebrista de la sinapsis. Todas a veces como ratas, abandonando el barco sin quererlo abandonar.
Porque al fin y al cabo, todas esas cosas, jamás llegaron con intenciones de partir. 
Son huéspedes que avanzan, suplantando a todos los demás, 
por razón de ineptitud o falta de gancho espiritual.
Ya no escojo lo que recuerdo:
todas estas caras-cosas-sonidos-olores, se han apoderado de mi.
Ahora,
soy su siervo.

® Sergio Márquez.

10 de noviembre de 2010

                                                                        
                                                                    AUTOPISTA

       Sentía el estruendo sincopado de los motores palpitándole en los ganglios. La soga intravenosa del tráfico le recorría las arterias con su torrente imantado de cortantes limaduras. Tres horas en una sola cola eran demasiadas para un cobarde que no había dormido en dos días, dos días y una noche entera tratando infructuosamente de abrir aquel sobre amarillo en una pensión sin aire acondicionado en Macuto, sudando y odiando al mar por no poder dejar de verlo. Ahora subía al encuentro con la ciudad, la ciudad que tras los cerros abría sus piernas como una aullante loba ofrecida. Apenas cruzó en su taxi que-alguna-vez-fue-blanco la garganta resbalosa de los túneles de La Planicie, se incorporó sin remedio a la serpiente mecánica formada por miles de automóviles recalentados que penetraban a una Caracas húmeda de asfalto. Tres horas petrificado en un limbo de monóxido, tres horas sin saber que coño pasaba allá adelante, sin entender la razón de este suicidio colectivo. Era como si algo horrible germinara desde el interior de cada vehículo, creciendo gozoso, extendiendo su metálica enredadera de rencor por sobre las ingrávidas bandejas de hormigón armado de la autopista. 
      El pulpo, la araña, el ciempiés: enroscadas carreteras flotantes bautizadas con nombres de animales monstruosos, insectos enormes caracoleando sobre si mismos, moluscos copulando en cada uno de sus rizomas, en cada voluta gris de sus distribuidores. Ya el miedo acariciaba la transpiración de las carrocerías, afuera la llovizna olía a oxido, y se le antojó que aquel era el momento perfecto. Perfecto para terminar lo que no pudo empezar en aquella sucia habitación de Macuto. Apagó el carro, despegó (literalmente)  las manos del volante y abrió el sobre de manila arrugado: adentro esperaba, dormido, el hierro de sus deseos, la punta roma que acabaría con la culpa, con el tráfico eterno de esta chivera en lento movimiento, la bala que le bajaría de una vez por todas el volumen al zumbido insoportable de esta mierda de ciudad. La empuño con la derecha, observó por última vez el escarpín y la foto de su chamo colgando del retrovisor y apoyó el cañón contra la sien. Con la izquierda desempañó el parabrisas para ver mejor el Parque Central y su torre chamuscada, para quedarse con aquella postal del infierno como último souvenir de la miseria. 
        Y entonces la vio. Allí estaba, materializada desde el smog, era ella, aparecida desde la sucia nada: La Santísima Virgen María. No sabía cual Virgen era, si la de Coromoto, si la de Fátima, pero aquella madonna de los mal nacidos flotaba sobre el río putrefacto, levitando entre los corredores viales, ella, vibrante de colores, envuelta en nubes de formaldehído, una estatua viva que se acercaba cada vez más a él, arropándolo en su infinita misericordia. 
      Soltó el arma y se restregó los párpados inflamados, solo para desnudar la verdadera causa de su epifanía: un buhonero-equilibrista caminaba sobre una tubería, salvando sin esfuerzo aparente el abismo labrado por el río, mientras balanceaba una gran virgen de yeso sobre su cabeza. Bajó el vidrio, le hizo señas al vendedor de santos y regatearon el precio de La Virgen de la Autopista.

― ¡Te la dejo barata mi tío, treinta lucas pa’que te la lleves ya!
― Te doy veinte hermano… y este sobre de manila… 

® Sergio Márquez.

27 de octubre de 2010



Durandal

Volvamos al tiempo en el cual las espadas
tenían nombres de mujer
y por esos nombres, nosotros los hombres
las llamábamos.
Y el sudor y la sangre tornábanse reliquias
con la muerte
y jurábamos sobre ellas,
untados por su crisma
poderoso.

Prepucio orlado de Cristo
Diente granítico de San Pedro
Sangre pantaleónica que jamás coagula
Mano intacta de Santa Emma

Volvamos al tiempo del brillo de la espuma
en los ijares
y los caballos como hijos, como hermanos.
Cuando cesábamos, héroes,
derramados por la hoja, por la saeta
o por el dardo,
tiempos donde la cobardía
de la pólvora
aún no había comenzado.

Volvamos a las ascuas encendidas en el pecho,
al designio narcótico
de los oráculos
volvamos a fumar en silencio frente a los fuegos
murmurando ceremonias
repujadas en la lengua, envueltos en sahumerios
Volvamos al tiempo en el cual éramos, nosotros mismos,
Talismanes.

Hundámonos, de vuelta, hacia adelante.





® Sergio Márquez.



13 de abril de 2008


?
¿Que pasó? ¿En que momento se destruyó todo? ¿cuando se desmoronó la promesa de algo que lucía extraordinario, o en todo caso esperanzador?, ¿que pasó? ¿Donde?, ¿como?, y sobre todo, ¿por qué? ¿A quien debemos culpar? Porque algún culpable debe existir de esta desazón, de este desarraigo cotidiano. Pertenezco a una generación a la cual le fue robado todo de la forma más artera; fue cruel, porque nos expusieron a crecer, habitar, contemplar y en ocasiones inclusive hasta a disfrutar de aquella promesa signada por una luminosa y precoz modernidad, convulsa y vibrante, para luego arrebatárnosla de un tirón en la etapa supuestamente más productiva de nuestras vidas. ¿Que pasó? ¿Que lacras nos perjudicaron, a cuantos canallas habrá que ajusticiar para recuperar lo que por derecho histórico y vernáculo nos pertenece? ¿En que vericuetos del costumbrismo perverso, la corrupción, la chabacanería, la desidia y la estupidez se extravió nuestro país? ¿Dónde están nuestras puertas para salir o para entrar, nuestras ventanas para respirar y para ver? Somos una generación sin monumentos, sin orgullo cívico, sin ligazón. Somos héroes, si, pero de la supervivencia y lo vencido. Hemos aprendido a vivir solo para aprender a reponernos del ardor de nuestras heridas adultas condimentadas por la sal de una breve memoria, en apariencia inútil y tan frágil como nuestra noción de patria. No pertenecemos, a nada ni a nadie, no hay un tiempo para nosotros y tampoco estamos creando uno porque otros degenerados decidieron que nuestro tiempo histórico les parecía adecuado para asolar estas ya vapuleadas comarcas mientras practican sin licencia alguna el espiritismo político; ¿será que no supimos defender esa indeterminación llamada Venezuela? Y en todo caso si debíamos empezar a defenderla antes, ¿Por qué nadie agitó las banderas para nosotros? Creo que no tuvimos tiempo de entender nada y es ahora, a la mitad de nuestras vidas, cuando estamos despertando al hecho de que somos un hiatus en el transcurso de este amargo segmento espaciotemporal que nos tocó vivir (o al menos yo lo concibo de esa manera). Independientemente de toda esta infamia, de toda esta cosa ignominiosa que nos endilgaron, muchos seguimos labrando una vida y un mundo en el cual albergamos esperanzas, a despecho de arrastrar siempre con esa sensación de haber extraviado algo en el camino, de que nos sacaron la cartera sin darnos cuenta y desde entonces llevamos a la nada de pasajero en el bolsillo, ¿o te atreverías a decirme que tu nunca lo has sentido así?... Descastados como nos hicieron, así pavimentamos sobre los cadáveres de la mediocridad la vía más digna posible para escapar de este espejismo al cual no pertenecemos. ¿Qué pasó? ¿Será que acaso la canalla fratricida nos hizo algún flaco favor? ¿Es acaso mejor diseñarlo todo de nuevo, como si nunca nada hubiese existido antes de nosotros? ¿Tenemos por fuerza que destruirlo todo para volver a empezar? Esa es una labor titánica que no estoy tan seguro de querer emprender. En todo caso la pregunta sigue siendo la misma: ¿Qué pasó? Y no piensen que espero respuesta, porque en realidad el acertijo que persigo por estos días tiene mucho menos que ver con la resignación expiatoria que con el mapa último de una venganza.

® Sergio Márquez.

20 de junio de 2007

"Mal-Dita"


Mal-Dita Von Teese
hiriendo hondo con su impalpable punzón de nieve, emasculando paquidermos con su pálido stiletto hecho de tuétano congelado



Dita, tatuada de llagas al hielo seco, un vehemente bochorno de encajes,
negro y violeta, navegado por las venas azulosas de un cadáver suculento de hematomas.

Blanca Papisa de la hiperclorhidria inguinal, Hijastra bastarda de la sucia candidez

Über-Lamia de marismas y burdeles, fragante a bunker, a naufragio yermo,
devastado.




Vagabun-Dita
Menstruando gelatinas de invierno con hematíes y semillas de granada por reventar.

La Von Teese:
Un mal recuerdo
digno de nunca olvidar.
Mal-Dita seas Dita, encore une fois.

® Sergio Márquez.


“Mal-Dita, toujours”


Mal-Dita Von Teese, musa-calavera para un demiurgo anémico, fría bengala del miedo, siempre allí, fosforeciendo; Arzobispal mitra post-humana que oficia negras eucaristías en la cérvix de una catedral atestada por maniquíes de leche condensada.


Mascarón de proa de las naves de la muerte, moldeada por extrusión en los subsumidos crematorios nevados siempre de osamentas. Dita, turbia diadema de alfileres de fibra de vidrio y muerta plata.
Dita, gruta vitrocerámica, duro impasse de sangre blanca emponzoñada por mil estrógenos de hielo.
Esta flor carnívora de cuero repujado, esta sedosa glándula bordada de arterias, desata en pueriles agujetas su corset de ligamentos, nido coagulado de difuntos camafeos, pesados crucifijos y grageas de violeta.


Tataraputanieta de Brunilda, Valkiria Maldita, velando siempre en capilla ardiente, con fatuo tenebrario de sopletes, su virgo de estaño y su verija de armiño y truenos por reventar.


Ondina mineral del brutalismo, pitonisa del béton brut,
emperadora del inglés, reina del griego, maga del francés.


Infarto.


Clavículas que son fosas desfondadas, espejismos de anémonas triunfantes.
La Von Teese, un'altra volta. Yegua de anime derretida al trote, centaura lista para germinar.


Mal-Dita seas, Dita, toujours, tout le temps.



® Sergio Márquez.

22 de mayo de 2007


El pozo séptico de la Gloria nauseabunda abre sus fauces y deja escapar, zumbando, a la vil sordina de acero. Los pequeños diablillos alados saltan de sus cubiles mientras baten Manhattans en sus cocteleras de estaño, vulneradas por espinas y silbatos. El Negro despliega sus alas portentosas de urraca del infierno, asumiendo su avatar del miedo, y las ramas de los cipreses extienden articulaciónes de clorofila para inyectar en sus venas la jeringa repleta del mercurio cárnico, ordeñado de las tetas esmirriadas de las brujas creoles. Canibalismo refinado engalanando los banquetes sincopados, kilovatios telúricos en la tensión alta de la noche. El negro engulle las sombras y las transmuta en higos-hongos sonoros profusamente perforados. Tronos de bronce sostienen al rey hace mil años muerto, en tanto su reflejo burila las templadas ventanas de un frío loft de invierno. Laberintos de luz y sombra y caracoles babeantes, que susurran por entre los portales de hiedra y ascienden en los montacargas quejumbrosos, con su crujido modal, su rugido atonal, su melaza y sus limaduras, su maleza de hierro, enhiesta en la ceremonia agónica de la garganta, gruta metálica poblada de murciélagos, arsenal recamado de gritos que trafican en cordilleras bordadas por parituras compuestas de mullidos terremotos. Amén, Miles, Amén.



® Sergio Márquez.


3 de mayo de 2007


RASCACIELOS


Rascacielos
de grito
templado
hacia arriba
las Poleas
(miles de ellas)
hacia abajo
los Tendones
Hundidos
hasta el centro
de la tierra

Wolkenkratzer
Pararrayos
del inframundo
camuflado
en el azogue
de su carne
hipercristalina

Gratte-ciel
de vidrios
condenados
obligado
a transmutar
cadenas en
guirnaldas
masculinas

Aún circula
por su deseo
—El de la ciudad—
Que es impuro
y vertical
y refulgente
como la
traición
y su electro
cardiograma
de rascacielos


      RRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRR

® Sergio Márquez.

25 de abril de 2007


"VENEZUELA, UN PAÍS PARA QUERER"

(Este post inuaguró el Arroyo hace ya un par de años. Pensaba dejarlo dormir el sueño de los justos en el fondo de esta página, pero últimamente ha provocado una serie de comentarios que al fín hacen algo de justicia al espíritu que lo vió nacer: el de sacarle la piedra a todos los estúpidos que siguen creyendo en la pervivencia de este mito llamado Venezuela. Sus bellas mujeres, sus hermosas playas, la calidéz de su gente, las arepas y el beísbol son algunos de los zancos que sostienen el frágil andamio de esta mentira de país. En la medida en que no intentemos comprender las perversiones que nos aquejan estaremos eternamente jodidos, incapacitados para resolver el acertijo de la ineficiencia y la miseria idiosincrática que nos estigmatiza como cultura. A dos años de su primera publicación, he querido rescatarlo, aumentado y corregido (ha crecido lentamente en este tiempo), invirtiendo su orden cronológico, para intentar quizás entender su insidiosa progresión y descifrar su posible utilidad como espejo y como mapa. Ojalá sirva de algo)

-VENEZUELA ES UN HOMBRE NEGRO DENTRO DE UN ATAÚD CON UNA CORBATA ROSADA PUESTA.
-VENEZUELA ES UNA TABLA DE SURF DE VÓMITO CONGELADO.
-VENEZUELA ES LA METÁSTASIS DE UN RIÑÓN ACRÍLICO.
-VENEZUELA ES PATADA, GANCHO E'ROPA Y JABÓN AZUL.
-VENEZUELA ES LA SONDA EN LA GASTROSCOPIA DE KING KONG.
-VENEZUELA ES LA MIGRAÑA EN LA CABEZA DE TODOS LOS ALFILERES DEL MUNDO.
-VENEZUELA ES UN CANGURO CON GUANTES DE BOXEO HACIÉNDOSE LA PAJA.
-VENEZUELA ES COMO DOS MONJAS ALBINAS DEPILÁNDOSE LAS CEJAS MUTUAMENTE CON UNA PISTOLITA DE SILICÓN.
-VENEZUELA ES UN ATAÚD DE NIÑO HECHO DE PANELITAS DE SAN JOAQUÍN.
-VENEZUELA SON LOS LENTES DE RENNY OTTOLINA METIDOS EN GELATINA DE LIMÓN.
-VENEZUELA ERES TÚ, SOY YO Y TAMBIÉN ES SERVANDO Y FLORENTINO.
-VENEZUELA ES LA ANDROPAUSIA DE HUGO CARREGAL.
-VENEZUELA ES LA LOGIA MASÓNICA DE LOS TELETUBBIES.
-VENEZUELA ES COMO UN HUESO DE CHULETA CON SÍFILIS EN EL TUÉTANO.
-VENEZUELA ES UN JACUZZI BURBUJEANTE DE PIRAÑAS.
-VENEZUELA ES UNA VIRGEN ESTIGMATIZADA QUE CAGA TALLOS DE ROSAS Y RACIMOS DE MAMONES.
-VENEZUELA ES UNA ROCKOLA QUE NADA MÁS TOCA LUIS SILVA Y PIMPINELA.
-VENEZUELA ES UN CARTOCCIO DE PUPÚ.
-VENEZUELA ES LA SONRISA DE UNA MISS CON DIENTES DE MADERA. (Ronald Paredes)
-VENEZUELA ES UN PERROCALIENTE DE ANTIMATERIA.
-VENEZUELA ES UN ENANO CON BIGOTES HACIENDO PARALELAS.
-VENEZUELA ES UNA CORNUCOPIA DE HURACANES.
-VENEZUELA ES EL DISNEYWORLD DE LOS MARGINADOS.
-VENEZUELA ES UNA LUMPIA DE CARNE HUMANA.
-VENEZUELA ES EL MAREMAGNUM DE LA CANALLA.
-VENEZUELA ES UN TOPERGÜER NACIDO ESCONDIDO DEBAJO DEL ASIENTO DE UN VOLKSWAGEN AMARILLO
-VENEZUELA ES LA CULEBRILLA QUE SE CIERRA SOBRE EL CUELLO DE ADRIÁN GUACARÁN.
-VENEZUELA ES UN TINAJERO DE SANGRE.
-VENEZUELA ES EL DUQUE DE ROCANEGRAS COPULANDO CON EL RELÁMPAGO DEL CATATUMBO.
-VENEZUELA ES UN GUARAPO FERMENTADO DE CHICLE TUTTI-FRUTTI.
-VENEZUELA ES LEPRA, LEPRA Y MÁS LEPRA.
-VENEZUELA ES UNA DONA MOHOSA GLASEADA POR EL OLVIDO.
-VENEZUELA ES COMO TROTAR POR GUANARE A LAS TRES DE LA TARDE CON UN ALKA-SELTZER METIDO ENTRE LAS NALGAS.
-VENEZUELA ES LA BOA CONSTRICTOR DEL CERVATILLO QUE ES EL MUNDO.
-VENEZUELA ES LA CAJA DE CREYONES DE BOVES EL UROGALLO.
-VENEZUELA ES UNA BOLSA PLÁSTICA TRANSPARENTE LLENA DE AGUA CON UNA OREJA DE COCHINO ADENTRO, FORRADA DE MOSCAS Y COLGADA DEL TECHO DE UNA POLLERA.
-VENEZUELA ES MUSIUITO CORRIENDO DESNUDO POR LA AUTOPISTA DEL ESTE A LAS TRES DE LA MAÑANA.
-VENEZUELA ES UNA MEDIA DE NYLON LLENA DE TITIAROS PODRIDOS.
-VENEZUELA ES UN BAJANTE DE BASURA TAPADO QUE HUELE A RECIÉN NACIDO.
-VENEZUELA ES DENGUE, DENGUE Y MÁS DENGUE.
-VENEZUELA ES UN RABIPELAO SACANDO UN CONEJO DE UNA CHISTERA.
-VENEZUELA ES SIMÓN DÍAZ CON UN BLUYÍN NEVADO BRINCAPOZO MONTADO POR LAS COSTILLAS.
-VENEZUELA ES UN PROFITEROLE PARLANTE DE TRES CABEZAS.
-VENEZUELA ES UN CARBURADOR DE MALIBÚ 82 PUESTO AHÍ, EN LA VITRINA PEGOSTOSA DE UNA FARMACIA.
-VENEZUELA ES LA PEPA DE GUÁSIMO SOBRE LA CUAL ALGÚN DÍA RESBALARÁ TU ALMA.
-VENEZUELA ES UN ORZUELO EN EL LAGRIMAL DE LA MEMORIA.
-VENEZUELA ES UN BORRACHO EMPANIZADO A LA ORILLA DE UNA PLAYA ABRAZANDO UN LEBRANCHE.
-VENEZUELA ES LA ÚNICA LICORERÍA GAY ATENDIDA POR SUS PROPIOS DUEÑOS.
-VENEZUELA ES UNA ORGÍA DE PELLEJOS.
-VENEZUELA ES LA SINAPSIS DE RICARDO ARJONA.
-VENEZUELA ES UNA TORRE PETROLERA QUE ESCUPE PÚS.
-VENEZUELA ES UN INCESTO ENTRE HERMANOS VARONES.
-VENEZUELA ES UN INTESTINO HUMANO RELLENO DE CEREZAS MARRASCHINO.
-VENEZUELA ES UN TEPUY INVADIDO POR DAMNIFICADOS.
-VENEZUELA ES EL AFRO QUE ADORNA LA TESTA DE BEHEMOTH.
-VENEZUELA ES UN TUMBARRANCHO PSICODÉLICO.
-VENEZUELA ES UN MUÑECO DE SILENCIADORES HERMAFRODITA.
-VENEZUELA ES UN SUPOSITORIO DE CREOLINA PARA EL ALMA.
-VENEZUELA ES PALUDISMO, PALUDISMO Y MÁS PALUDISMO.
-VENEZUELA ES UNA GUANABANA FERMENTADA REVENTADA SOBRE EL ASFALTO.
-VENEZUELA ES UN PRESERVATIVO RECICLADO.
-VENEZUELA ES LA CABEZA DE UNA MUÑECA ENVUELTA EN UN PAÑAL CAGADO, TIRADO EN EL FONDO DE UNA QUEBRADA.
-VENEZUELA ES UN COCHINO PADROTE COMIÉNDOSE UN TOBLERONE.
-VENEZUELA ES EL MANUAL DE CARREÑO LEÍDO AL REVÉS POR SATANÁS.
-VENEZUELA ES UN FRASCO SEMIVACÍO DE MAYONESA CON UNA RATA ASFIXIADA DENTRO.
-VENEZUELA ES UNA MODELO MUERTA TAPADA CON LAS TAZAS CROMADAS DE UN LTD LANDAU.
-VENEZUELA ES EL “LOUVRE” DE LA MÁS PURA Y LUMINOSA IGNORANCIA.
-VENEZUELA ES EL PARASISTEMA INMARCESCIBLE DEL FRACASO.
-VENEZUELA ES UN CHINGO JAPONÉS CANTANDO KARAOKE.
-VENEZUELA ES UN DICCIONARIO DE BOLSILLO AL QUE LE FALTA LA LETRA “V”.
-VENEZUELA ES UNA LOBOTOMÍA FRONTAL PRACTICADA CON UN LÁPIZ MONGOL n° 2.
-VENEZUELA ES EL TAMAGOTCHI DE LA IRA DEL SEÑOR.
-VENEZUELA ES UN JABÓN AZUL LLENO DE PELOS TIRADO EN UNA PLATABANDA.
-VENEZUELA ES UN TRAVESTI JUGANDO BOWLING EN TACONES.
-VENEZUELA ES EL DINOSAURIO BARNEY SELLANDO UN CUADRO DEL 5 Y 6.
-VENEZUELA ES EL TALK-SHOW DE LA IGNOMINIA.
-VENEZUELA ES UN CIRUJANO PLÁSTICO PERUANO GRADUADO POR INTERNET.
-VENEZUELA ES LA GUINDA EN EL BANANA-SPLIT DE LA OSCURIDAD.
-VENEZUELA ES UN FETO ABANDONADO EN UN ESTACIONAMIENTO DENTRO DE UNA CAVA DE ANIME.
-VENEZUELA ES UN DRY MARTINI HECHO CON LIGA DE FRENOS.
-VENEZUELA ES EL GOLDFILLED DE LA MISERIA.
-VENEZUELA ES UNA CADENA DE ORO ENSANGRENTADA DENTRO DEL BUCHE DE UN MALANDRO.
-VENEZUELA ES COMO ESCUCHAR UN DESFILE MILITAR POR RADIO.
-VENEZUELA ES EL DEDO ÍNDICE DEL ARTILLERO DEL “ENOLA GAY”.
-VENEZUELA ES LA CONJUNTIVITIS DEL CORAZÓN.
-VENEZUELA ES EL TESTÍCULO FANTASMA DE LA AUTOCRACIA.
-VENEZUELA ES UNA PEREZA SODOMIZANDO A UN CADETE DE LA EFOFAC.
-VENEZUELA ES UN FRENAZO EN EL INTERIOR DE LA CULTURA.
-VENEZUELA ES UN CONTAINER VARADO EN LA GUAIRA LLENO DE CHINOS INDOCUMENTADOS.
-VENEZUELA ES UNA TORTA DE CASABE HECHA CON VIDRIO MOLIDO.
-VENEZUELA ES MALARIA, MALARIA Y MÁS MALARIA.
-VENEZUELA ES UN FESTÍN DE PERRARINA CON KOOL-AID.
-VENEZUELA ES UN HOMBRE MADURO FRENTE A UN ESPEJO ESCONDIENDO SUS GENITALES MIENTRAS OYE A RUDY LA SCALA.
-VENEZUELA ES COMO TOMARSE UN BUCHE DE MALTA CALIENTE CON LA BOCA LLENA DE METRAS.
-VENEZUELA ES UN ZAMURO DECAPITADO TIRADO EN EL FONDO DE UNA CUNETA.
-VENEZUELA ES EL MENSTRUO DE LA HISTORIA.
-VENEZUELA ES EL CADÁVER DE UN ACURE CON JERINGAS EN LOS OJOS.
-VENEZUELA ES LA TRAICIÓN DE DIOS.
-VENEZUELA ES COMO ANDAR DESNUDO ENFUNDADO EN UNA SOTANA DE CUERO.
-VENEZUELA ES UN 747 LLENO DE OSOS PANDA ESTRELLÁNDOSE EN EL MAR DE CHINA.
-VENEZUELA ES LA CACHULOCA DEL TERROR.
-VENEZUELA ES UN “JUNQUITO ROLL”: ARROZ CON POLLO ENVOLVIENDO PERNIL CON SU TOPPING DE GUASACACA.
-VENEZUELA ES UN DULCE ABRILLANTADO CON UN ALACRÁN ADENTRO.
-VENEZUELA ES UN GENTÍO EN UN SITIO AHÍ. (Meyer Vaismann)
-VENEZUELA ES UNA CHIVERA EN DONDE, DE VEZ EN CUANDO, SUENA UNA CORNETA. (Joaquín Ortega)
-VENEZUELA ES UN MELANOMA EN LA PIEL DE AMÉRICA.
-VENEZUELA ES UNA MATA DE TUNA CON UN MODESS PEGADO ENCIMA.
-VENEZUELA ES COMO UN SANCOCHO DENTRO DE UNA LATA DE MANTECA DONDE FLOTA UNA CABEZA HUMANA.
-VENEZUELA ES UNA BOLSA DE SUSPIROS LLENA DE HORMIGAS POR DENTRO.
-VENEZUELA ES TOTONA.

® Sergio Márquez. 2007.

11 de abril de 2007


                                                              "Solo de batería"

Artie debía dinero. Más dinero del que podía o quería pagar, mucho más del necesario para evitar que la diabetes devorara una de las piernas de su hermana Lucy o para llenar la despensa con otra cosa que no fuera bourbon. Artie debía mucho dinero a hombres muy malos, y tarde o temprano debería pagar por ello. Pero Artie, como muchos que han aprendido a deber sin desarrollar cargo alguno de conciencia, pensaba menos en sus deudas que en si mismo (como si ellos y sus deudas no fuesen, poco a poco y lentamente, convirtiéndose en uno solo) Artie solía dilapidar su poquísima fortuna, ganada a fuerza de trasnochos y repique de baquetas, en sus dos únicas perversiones: baterías y bondage. Artie amaba hacer retumbar su colección de baterías cubierto en látex líquido negro, mientras tocaba "The Monster" -un compás al estilo de Buddy Rich, otro compás al de Krupa- sin poder ver y conteniendo agónicamente la respiración bajo el giganteco preservativo de cuerpo entero. Los hi-hat escobillados eran su fuerte, así como también le gustaba que fuerte y a contratiempo repiquetearan los látigos sobre sus nalgas y su espalda, cuando Mistress Dora, la Art Blakey de la sumisión, lo convertía en su redoblante de carne y hueso.
Los percusionistas del horror tocaron un día a la puerta de Artie, cuando ya no quedaba nadie a quien acudir, cuando las deudas ya no podían pagarse con otra cosa que no fuese sangre enrarecida. La jeringa en su brazo le anudó la lengua, mientras los verdugos virtuosos, a tiempo de swing , lo fueron tañendo como a un vibráfono hasta partirle todos los huesos del cuerpo. El movimiento final de estos estilistas encargados de cobrar, con bombos y platillos, el olvido monetario de Artie, consistió en un pasaje digno de ser registrado para siempre en la historia negra del jazz: con una horca formada por varias cuerdas de contrabajo (La Corbata Mingus, así la llamaban) lo colgaron del techo de vigas metálicas, le quitaron las medias húmedas, colocaron tres velas en el piso, y sobre ellas, un redoblante sin bordones. Lo suspendieron, obligándolo a posar las plantas desnudas de sus pies sobre el templado cuero, cada vez más caliente, cada vez más permeable a los baquetazos del infierno. Los pies de Artie percutieron su postrero y más genial solo de batería sobre esta tierra, confundido entre el placer y el dolor últimos, pensando en Mistress Dora, y en como solo dos compases de cuatro cuartos son suficientes para decirlo todo.
Artie terminó saldando sus deudas con la vida como siempre quiso hacerlo, tocando la batería, de ser posible, hasta la muerte.

® Sergio Márquez.

5 de febrero de 2007



Bares II

-El Casa Almirall alguna vez tuvo el piso de tierra. Y butacas bajas de cuero verde, y un aparador de madera sinuosa y mármol blanco que encerraba licores tan antíguos como las barbas de Gaudí (las botellas más añejas, las más viejas del mundo, se amontonan en la última repisa, cerca del techo artesonado, con su costra dura de polvo y su foulard de telarañas. Mientras más las contemplo más quiero beber de esas ancianas, y me doy cuenta que el Casa Almirall me ha convertido en un gerontofilico de los alcoholes) Casa Almirall aún tiene todas estas cosas, pero en cierto modo son espejimos; ectoplásmas inanimados dejados allí para que la embriaguez pecaminosa siempre sea la misma, para que la dulce pesadilla nunca cese. En una esquina de la barra, una ninfa de roble intenta conservar la compostura, mientras ejecuta su "arabesque" maldito, de puntillas sobre un acantilado de vasos turbios. El Almirall es como una cueva: su resplandor de brea, que lo curte todo, se extingue inexorablemente a medida que sus fauces nos van engullendo. Allí besé en la boca a la mujer de otro hombre. Y también fue el primer bar (muchos otros le seguirían) que me regurgitó hacia la madrugada de Barcelona, hacia la estrechez vaginal, virgen hasta entonces para mi, de sus maltrechos callejones.



-Decadente. Solo ese adjetivo puede describir al Bar Marsella, que no esta en Marsella, Francia, sino en Barcelona, Catalunya. Algo, quizá ese lobo de sargazos tatuado en el hombro desnudo de uno de los camareros, murió allí adentro hace muchísimos años y nadie se ha atrevido a sacarlo a respirar el salitre negro de la noche. El Marsella huele a madera finamente apolillada, a flor submarina, a láudano quemado. Sus baños deben ser los más antiguos en los que haya meado jamás, y los espejos mate de sus muros son portales nigrománticos hacia otros mundos gobernados por el hada verde y su ejército de "hell angels" ataviados con blancos mandiles masónicos y chalecos de cuero de venado. En el Marsella, las niñas observan fijamente, mesmerizadas por la artemisa, como las etiquetas de las botellas cobran vida, y yo mismo pude ver, entre brumas, como una mujer dormida me veía desde sus párpados cerrados a cal y canto por el sueño. A cal y canto debería cerrarse algún día El Marsella, para que nada escape a su dentada trampa de aceite, a su mazmorra de aguardiente sulfurado. Yo fui ciego en el Marsella por unas horas, y pude ver como el nivel del mar subía tras los espejos y los murciélagos acuáticos nadaban hacia cualquier córnea que brillara, buscando libar la sangre verde esmeralda de los lagrimales de las vivísimas estatuas. Entre tanto, las bandejas cromadas iban y venían, repletas de copas de cristal y fuegos fatuos, levitando entre la penumbra. El Marsella es ese bar al cual no estoy seguro de querer volver.

® Sergio Márquez.

29 de enero de 2007


Rubias
"Trigo maduro hay en tu pelo / Robó quizás la luz al sol
Yo soy el dueño de tu fruto / soy el molino de tu amor
¡Ay Trigal!..."
Sandro / Trigal


Corrientes subterraneas de bronce líquido, lenguas sinuosas de trigo caliente: la verdadera rubia alquímica lleva el sol galvanizado en la cabellera y también en la entrepierna (lo que es arrriba es como lo que es abajo...)


Una verdadera rubia recoge la sombra a su paso con guadañas de platino y la atesora en el centro de su corazón semivacío, habitado por una hojarasca de brasas y por el espectro de un niño calcinado.


Las rubias malignas lloran lágrimas de peltre esmaltado y orinan la centella de Thor sobre el rostro extático de los Inmortales.


Rubias hay demasiadas, pero una platinada genuina siempre esta dispuesta a levantarse las faldas y hundir sus tacones de aguja hasta el centro de la tierra por el sencillo placer de mostrar sus pantaletas húmedas a los condenados.


Las rubias de pechos sofocantes tienen taladros que brotan de sus cuerpos al pulso lascivo de las erecciones, horadando con ellos el alma de los incautos.


Sus pupilas siempre dilatadas, hambrientas de ingenuidad, sedientas de agudos abultamientos. Las rubias de verdad olfatean a su presa con las pestañas, las rubias verdaderas tiene papilas en los ojos.


Siempre húmedas, con su divina lengua de hielo seco, mintiendo.


Derramando su dulce polen politóxico sobre el mundo.


Rubias forever.

® Sergio Márquez

27 de agosto de 2006



Bares


-En Barcelona, Catalunya, España, existe un Bar de apenas veinticinco metros cuadrados, cuatro mesas y una barra, llamado ´"Pastís". El Pastis es luminosamente tenebroso. Esta ubicado en una calle que da la impresión de no tener salida, y que en la noches engalana sus adoquines con el sonido de los tacones de viejas prostitutas vestidas de encaje negro y que fuman en boquilla, mientras sus sombras trepan desesperadas por el adobe de los muros. Adentro, en el inmensamente diminuto Pastís, se oye sin prisa"chanson française" y a veces tango, y de las paredes cuelgan dibujos de tipos como Picasso, Dalí o Quimet, quien lo fundó, y permitio que sus amigos, entonces arruinados, pagaran sus cuentas con servilletas garabateadas. Solo hay un baño en el Pastis. Al Pastís vuelvo en sueños cuando todo pierde sentido, pido un vaso de absenta y los muros de madera oscura me tragan hacia las profundidades de todo lo que debería ser. Mis viajes al Pastís se hacen cada vez más frecuentes: quizás deba fundar yo mismo un Bar, de esos que blindan contra la estupidez del mundo.


-En París, Francia, existe un Bar llamado "El Duc des Lombards". Allí se va a escuchar jazz en soledad. No me malinterpreten. El "Duc", como yo le llamo, tiene su clientela, pero posee una extraña cualidad espacial que permite sentirse solo inclusive estando acompañado. Todo en el Duc parece estar a punto de derrumbarse a causa del paso del tiempo: lamparas destartaladas, papel tapíz de lineas verticales agrietado por el sudor condensado durante decadas, sillas de cuero verde trasnochado y un segundo piso vacio y habitado por fantasmas contribuyen a darle esa atmósfera de Bar de jazz a orillas del Purgatorio. Las sombras de los fantasmas se sientan en la escalera a escuchar un cuarteto que interpreta algo de Monk, y todos dentro del Duc sentimos como la cera de nuestra piel se derrite frente a las llamas negras y doradas del Infierno. En el Duc ví y oí tocar a Keith Jarret en una de sus noches ausentes de litio. Al Duc des Lombards se va a escuchar jazz, mientras la muerte cabalga las calles de París en su monumental carruaje tirado por enormes ratas violaceas.



® Sergio Márquez.